Hacía 30 años que no abrazaba una guitarra. Con Omega, como he bautizado a mi Ortega, fue prácticamente instantáneo: su presencia, su sonido y su tacto me transportaron a esa conexión con mi instrumento que había perdido en el olvido. En 3 días salió su primer tema, como ella, sencillo, profundo y elegante.
Para escogerla confié en un amigo luthier, esta es su valoración después de conocerla en persona:
Tanto para personas que empiezan a tocar un instrumento como para músicos que llevan ya tiempo, la comodidad es el principal factor. Si una guitarra no resulta cómoda, por muy bien que suene, no servirá para aprender ni para mejorar tu experiencia musical. Esta guitarra es comodísima, su mástil un poco más estrecho que el de una clásica o flamenca y su acción baja, junto con una tensión no excesiva, sin perder calidad sonora, la convierten en la elección perfecta. Después está su acabado, sencillo, natural y agradable al tacto, esto garantiza que envejecerá con dignidad. Afinación perfecta con unas clavijas que hacen más fácil el proceso. En cuanto al sonido, sin amplificar predominan los medios con unos bajos equilibrados, evidentemente el poco grosor del cuerpo y las maderas se notan, pero para ensayar en casa es más que suficiente. Amplificada, gana brillo y se potencian los bajos, el previo hace muy bien su trabajo y la guitarra gana puntos, con lo que se defiende en cualquier entorno, escenario incluido. El afinador y el interruptor de "phase" le dan el toque definitivo. Para finalizar, decir que la funda que la acompaña es más que suficiente para protegerla en casi cualquier situación.